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[Jota] `El capitalismo está acabado, lo hemos hundido con los 8 discos anteriores de Los planetas´

J y Banin

La guitarra española se inventa en Andalucìa, a partir de ahí la música popular experimenta un cambio drástico. El rock mantiene la afinación que se estableció para el flamenco. El rock es un palo flamenco. El público cree que es pop pero son canciones [d]e la cultura andaluza de siglos. La diferencia entre el flamenco y las músicas populares europeas está en un acorde. La leyenda del espacio eran emociones demasiado profundas, eso no es popular en este periodo, la gente no tiene tiempo para investigar. La idea posesiva del amor es una imposición del sistema. Crowley es uno de los mayores poetas de la historia. El capitalismo está acabado, lo hemos hundido con los 8 discos anteriores de Los planetas. El modelo capitalista está dando sus últimos coletazos con Trump, Le Pen y Rajoy, ejemplos de cómo el sistema intenta mantenerse a la desesperada. Es como la caída del imperio romano: Donald Trump [Donaldo El trampas] es el Nerón de nuestro tiempo, el que va a incendiar Roma. El indie fué la única cultura de resistencia en los 90, un movimiento que se organiza fuera del círculo d[e] las multis, es como una zona temporalmente autónoma, en cuanto el poder detecta su existencia la absorbe. España es el único país del mundo en que el indie se ha consolidado, en el resto de países la escena alternativa sigue siendo marginal mientras que aquí ha ocupado el espacio del mainstream. El trap es contracultura viv[a]. El hip hop es rock pero el rock tiene que evolucionar con el cambio tecnológico, que es como nació, de la mano de vinilo, guitarra eléctrica y ampli, de lo contrario se convertirá en música muerta, como el jazz

Juan Ramón R`guez Cervilla (Los planetas, Grupo de expertos solynieve) en Mondosonoro


[Antonio Vega] La cosmogonía de los sentimientos

Antonio

“Es imposible sacar a nadie del sitio en el que quiere estar” (Carlos Vega). La síntesis perfecta de una personalidad que necesita sus momentos de penumbra y recogimiento para ofrecer su talento abiertamente cuando Euterpe le ilumina para deleitarnos con su obra.

Esa mirada: fragilidad, misterio, pero también cercanía, calidez y humanismo puro. Muchas veces se me antoja imprescindible escribir en caliente. Lo más inmediatamente seguido a ciertos acontecimientos. Empiezo estas líneas un lunes, 12 de mayo de 2014, desde mi habitación, en silencio, mirando de reojo el autógrafo del maestro que rescaté de mis archivos y adherí a la pared hace unos pocos días. Esta mañana el energizante programa de Radio 3 de Ángel Carmona me recordó el obituario y desde entonces no he podido parar de pensar en todos los intervalos que atesoro y relaciono a su recuerdo: sus composiciones siempre formarán parte de la banda sonora de mi vida recordándome lo quebradizos que podemos llegar a ser y las situaciones que te dejan sin aliento, las horas bajas y las intermitentes necesidades de huir, aislarse, desaparecer.

El otro día, al salir del cine, el documental de Paloma Concejero terminó por apuntalar mi puzzle sobre la figura del músico y la persona. No pude resistirlo y al llegar a casa me quedé escuchando hasta que me entró el sueño dulce mi desempolvada selección de sus mejores canciones.

Las sensaciones de melancolía y tristeza de aquella tarde se vuelven a reproducir en mí casi intactas en cada aniversario. Aún recuerdo con nitidez e intensidad el día en que se nos fue. La tele prendida en el salón, hora decente de comer y de repente lo oí, porque me costó escucharlo, digerirlo, interiorizarlo. Nada más salir del trabajucho que desarrollaba por aquel entonces y que en realidad jamás necesité fui directamente al palacio Longoria a dar el último adiós al genio madrileño.

—¿Para qué es ésta cola? —me preguntó una chica obligándome a pausar el ipod.

—Para despedir al solista más grande de éste país —le contesté sin tapujos y desde las entrañas.

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Firmado con todo el arte que pude reunir el libro de condolencias para la ocasión me quedé paralizado junto a la caja de madera con el crucifijo que lo albergaba. Mi reflexión fue sencilla y no menos brutal e irreversible: todo lo que no hagas antes de palmarla no lo harás jamás. Meses atrás había estado a punto de ir a verle al Galileo pero siempre surgía algo menor que me hacía cambiar de opinión y descartar mi idea. Ya no había vuelta atrás, Antonio Vega no regresaría nunca. Enseguida recibí la bofetada moral y aprendí la lección: no pastelees con tus pasiones, el carpe diem se torna piedra filosofal y es estúpido frenar tus impulsos positivos.

Me es imposible no emocionarme, que no me toque la fibra cada vez que escucho (y siento), entre otros temazos, la triada de himnos Lucha de gigantes, El sitio de mi recreo y Se dejaba llevar por ti. Pese a la melancolía de muchas de sus canciones eternamente me recordará muchos de los mejores fragmentos de mi vida, desde luego entre los más decisivos.

Un sabio de la sensibilidad, un artista por cada uno de los poros de su piel que nos enseñó/recordó que en la vida es necesario sentir, e incluso es preferible sentir lo amargo, el sinsabor y la derrota antes que no sentir nada, el vacío. Sólo así podemos apreciar con total poderío los instantes de felicidad plena que nos pueden regalar cuando menos lo esperamos demostrando que tras los nubarrones puede asomar el chorro de luz definitivo que escampe la tierra yerma para que vuelvan a crecer la esperanza, las fuerzas y la ilusión para seguir adelante, no abandonarse.


[Cultura inquieta/Charco 2015] Motorizaciones planetocrepusculares

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La plaza de toros getafense volvió a ser testigo de artistas y conciertos variados para volver a completar otra más que molona jornada de un festival veraniego que va ganando muchos enteros. El exótico y dulce bizarrismo de Pedrina y río, Camila Moreno con su intimismo apañado, la pausa cantautoril filotropicalizada de Little Jesus, el cantautorismo incisivo y protestatario prorockero de Nacho Vegas y un pintón poperismo panamericano a cargo del original Gepe precedieron al espléndido bolo de El mató a un policía motorizado, que desplegó un más que correcto y pintón estilo propio con fases de recogimiento shoegazer premium. No faltó ni falló la gloriosa dupla dinásticoescórpica Chica de oro y Mujeres bellas y fuertes.

El mató a un policía motorizado 6

Como dijo Savage, la emoción destilada es la esencia del pop. A J, Florent, Eric, Banin y Checopolaco (Los planetas, indiscutibles cabezas de cartel y la banda nacional aún en su vigencia de más importante e influyente) se les ve más en plena forma que nunca derrochando una segunda juventud envidiable y revitalizada haciendo sonar sus canciones de manera contundente y mágica. Melodías pluscuamperfectas sacando todo el bravío que llevan dentro. El movimiento se demuestra andando y de qué manera. Los granadinos surfearon todo su arte a través de una actuación magnísima dejándose llevar en sus melomanías a través de 17 cortes a lo largo y ancho de todos sus palos, desde la más reciente etapa filoflamenca hasta su invencible noise pop (noventero) shoegaze que siguen abanderando liderísimos.

Sentimientos puros desde las entrañas, un acontecimiento montañorusístico a través de toda la amplia gama planetera. Brillando en fases de contemplación y religiosidad [Ya no me asomo a la reja, Corrientes circulares en el tiempo o el momentazo mayúsculo de Toxicosmos («Y estallan los sentidos en colores aún por inventar»)] y mala leche himnaria (El duendecillo verde) hasta ráfagas legendarias (La caja del diablo, Segundo premio, De viaje), sin pasar por alto atractivísimas composiciones (Alegrías del incendio, Romance de Juan de Osuna). En lides colaboracionistas La bien querida se aderezó con gracejo para No sé cómo te atreves y si casi una semana antes en Benicasim nos deleitaran con la colaboración de Mendieta, en éste caso sería Santiago motorizado el elegido para enriquecer Un buen día, devolviendo “el favor” de la previa colaboración Jotil con los pibes platenses.

Tan en su salsa estaban que aún no previsto en su setlist nos hicieron gozar con un bis ingredientado con la mala baba y flamenquería de Reunión en la cumbre y el himno generacional Pesadilla en el parque de atracciones, una de ésas canciones que lo explican casi todo intravenándose desde el primer play o directazo irreversiblemente en la banda sonora de tu vida.

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Joe Crepúsculo a pecho descubierto, calzón quitao y tumba abierta hasta se arrojó con una versión de Maricas (Los Punsetes) de nuevo con un Nacho Vigalondo entregadísimo en sus locuelas danzas y algunos amiguetes juerguenses más presentando nueva cremita (Nuevos misterios) y una selecta selección de sus electrochispeantes hits de siempre.

En suma, una buena selección musical coronada por un triplete final jugosísimo. La nota negativa: limitar la libertad de movimiento de los profesionales de la prensa. No tiene ningún sentido. Dejar entrar y salir del recinto libremente no es un lujo, que uno viene de la miel sobre hojuelas del mágico y toropoderoso FIB y de los cremosones Tomavistas y Sansan dónde no nos pusieron ninguna pega, sino todo lo contrario. Si me apetece volver al coche a comer y/o beber algo o por alguna otra cosa que necesite y pueda haber olvidado y volver a la zona de conciertos es tan de cajón como legítimo. Sería un pasteleo inerte no señalarlo, por lo demás una organización muy buena llena de currantes y sin ningún incidente a lamentar.

Fotografía: Alfonso Vega


[Ray Loriga] Después del dolor

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Después del dolor si no pensa[mos] deprisa viene el abismo. Alguien que duda no ha matado nunca a nadie.

Todas las desgracias se parecen, todos los horrores son el mismo. El miedo llega siempre al final, cuando la adrenalina del coraje se disuelve, las lágrimas se secan y no nos queda más que temer cuándo y cómo volverá a suceder lo impensable [,] si esta vez los números de esta siniestra rifa coincidirán con los que guardamos en el bolsillo. Gritarle a un asesino es como cantarle al fuego, el fuego se apaga o nos consume, no se le calma ni se le convence ni se negocia con él, ni siquiera se le insulta.

No hay bandera que valga una vida, la patria es una sopa, un aroma, un recuerdo, un monte, un verso. No hay patria que se refleje en un charco de sangre. Los muertos se cuentan de uno en uno, no al peso, el resultado final es siempre el mismo. Un individuo es la medida exacta del universo. Una vida arrancada es siempre un exterminio. La magnitud de [una] masacre no minimiza el tamaño de su [crimen].

Se es aliado en el sacrificio pero también en la toma de decisiones. Hay una distancia esencial entre defensa y venganza. Tendrán que pagar por sus errores como se paga en democracia, con el descrédito y después si procede ante la ley.

Su España de patriotas no nos lleva a ninguna parte, nos harán socios privilegiados del fracaso. Tendremos una bandera muy grande en un rincón muy pequeño.

http://elpais.com/diario/2004/03/14/opinion/1079218806_850215.html