[Los Punsetes] Santo pedal, bendita distorsión

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La irreverencia shoegaze cañí vuelve a ser adictiva. Aparte de ser unos incontestables maestros del noble arte de la distorsión Los Punsetes siempre han demostrado (y siguen haciéndolo) una actitud impecablemente coherente. En la indiesincrasia sónica de la subversividad hay muy pocos grupos [El columpio asesino siempre me ha convencido y encantado en estas lides], los que lo intentan se estancan en el postureo, los madrileños sencillamente lo llevan en su ADN.

Cuando uno de tus grupos tótem vuelve a dar en el clavo es difícil no caer en la pasión, la defensa y cierta subjetividad. A veces lo bueno se hace esperar, y lo mejor más aún. A falta de un bienvenido sorpresón de Los planetas estamos quiza ante el mejor disco del año, un álbum ya de culto. Como bien apunta su sello “tienen un don para soltar himnos generacionales, canciones que se quedan en tu memoria dejándote una sonrisa sarcástica inmune cantándole a la inteligencia humana, a la sensibilidad y a la osadía”. Una montaña es una montaña había dejado el listón bien alto, pero si alguien podía dar un derrape más y volver a acertar eran ellos. Chema, su batería, en una entrevista para Mondo sonoro, nos da alguna pista, “hemos trabajado con más tipos de guitarra y amplis. Queríamos un sonido más áspero”.

Cuidadísimo, sin fisuras, de sonido compacto y estudiadamente canallesco en todas las partes que se prestan a ello. A mil jodidas millas del aburrimiento y la mediocridad “con un vendaval de hits por montera” (Miguel Díaz Herrero) en apenas 37 minutos la alineación titularísima de los 11 temazos (no hay uno pocho) completa un LP IV (2014) sublime y gozoso que no puedes dejar de escuchar tirando peligrosamente al bucle infinito. El primer triunvirato sonoro es orgiástico: Amanece más temprano es un ariete más que engrasado, otra declaración de intenciones que se irá desgranando hasta la traca final. Le sigue la dupla más contundente: Bonzo y Me gusta que me pegues, que son sencillamente desde la primera escucha otros 2 himnos para engrosar el brillante repertorio punsetero (cancionzacas que adelantaron y que algunos tuvimos el privilegio de paladear en su magno bolo en El sol el pasado enero). El videoclip de la segunda es otra maravilla de un tema que en palabras de su frontwoman Ariadna “es una broma privada abierta a lo que cada uno quiera interpretar”. Su ruidismo, sus letras y sus energías te atrapan y te dan ganas de dejarte llevar y liarla parda.

Arsenal de excusas es otra joya de lírica exquisita, punzante y ácida ideal para dedicársela a algún/alguna ex y para petarla sobre las tablas. Siguiendo la estela de la anterior Falso documental y Tan lejos, tan cerca también profundizan en la temática de las relaciones sentimentointerpersonales con una visión finísima que sólo el universo de la banda nos puede brindar. Museo de historia natural y Los últimos días de Sodoma (ciclópea, épica, ejemplo de todas las virtudes e ingredientes de la formación y que también adelantaron en El sol) mantienen el nivel con un mensaje y un poso que aderezado de nuevo por su tino entre “ruido” (noise caviar beluga) y melodía nos siguen teniendo enganchados a la espera de próximas sorpresas.

Opinión de mierda merece un párrafo a parte. Ellos reconocen que “va un poco contra el todólogo universal, insoportable”. Una cancionzaca gloriosa que me recuerda la cotidianeidad de los mass media, desenmascarapaletines y demás periodisticuchos tertulianos sin titulación y con menos vergüenza. El grupazo capitalino vuelve a humillar sin pasteleos a una parte de la España profunda mediante una letra sencilla pero a degüello, sin sentimentalismos y brutalmente eficaz. Una guillotina moral necesaria y divertidísima. La pseudobalada punki Vaya suerte que tengo es un misterioso interregno de fases mágicas que vuelve a clavar su historia y su forma de contarla, bisagra y antesala para la irreversible y atractivísima salvajada siguiente/final.

Todo lo anterior no ha podido ser mejor recibido. Los que les seguimos desde hace al menos un par de años [que pena no haberlos descubierto antes] hemos quedado más que saciados, sólo ellos podían seguir superándose y así lo han hecho con nuestras expectativas. Pero aún queda un pelotazo bestial, un corte antológico que se alzará como una de las mejores canciones de todo éste mítico año melomaníaco. La pieza final: como A mil años luz en 2011 y El malestar continúa (2013) Nit d l’Albà se desmarca como la tonada más energética, vigorosa y descarriladamente bella de todo el curso musical, un hitazo himnotemazo instantáneo tan lapidario y eterno que lo mejor es dejarse conquistar sin oposición y gozarlo como uno de los mejores orgamos melómanos de toda una generación y una época alternativizante inmortal (otra más).

La polémica está ahí para el que la quiera, quién se pica ajos come. El quinteto lo tiene claro, “hay mucha gente dispuesta a sentirse ofendida con cualquier cosa”, y Chema va legítimamente más allá, “las sandeces son insondables [,] no conocen límites”. Ellos, la masterización de Fred Kevorkian, la mezcla de Brian Hernández y la producción de Pablo Díaz-Reixa (El Guincho) han remado para acabar en el mismo sitio: un discazo mayúsculo capital repleto de perlas más que tentador que consolida aún más al grupo facturado para recrearse en el directo y congratularte con cada reproducción.

Acerca de pablodeserna

indiescretos.com/author/pablosernadiez Me llamo Pablo Serna Díez y soy irreversible e incurablemente melómano. De Serna es como firmo artísticoliterariamente poplacara.com/es/node/1155 Ver todas las entradas de pablodeserna

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