[La habitación roja] Otra apuesta ganadora

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Lingotes sónicos. Energía y fuerza. Son las 2 sensaciones que primero te golpean desde las primeras escuchas. El sonido Habitación roja: compacto, cuidado y siempre tan llevadero en este caso vuelve a demostrar éstas virtudes fundiéndolo además con capas brillantes y profundas que le otorgan de un carácter renovado que rezuma positivismo y buenas dosis de subidón. Vuelven a tocar la fibra. Tras las primeras destilaciones la impresión que queda y te acaba impregnando es que te hallas ante una obra excelsa, bien arraigada e intensa en los sentimientos, esto último innegociable en el territorio musical.

La trayectoria y la más que consolidada experiencia del combo valenciano son indiscutibles. La habitación roja sigue en la carretera y le sigue sentando fenomenal cada kilómetro. Tras el mítico Fue eléctrico Jorge Martí y sus muchachos vuelven a reforzarse con un discazo mayúsculo de mensaje esperanzador y de exquisitas ejecuciones. La moneda en el aire (2014) es uno de esos álbumes que te marcan, improntantes, y que llegan, te abrigan e inspiran en momentos decisivos de tu vida, un trabajo con el que muchísimas personas se pueden sentir identificadas y por tanto una obra digna de aplauso y de un lugar privilegiado en discotecas personales e irreversibles melomanías.

Teniendo en cuenta el cuarto (“estrellas fugaces esperad, tengo tanto que desear”, baladón marca de la casa) y las trazas oníricas del último corte [“mis canciones te acompañarán”] (canciones –sobre todo ésta última– de y a la altura de su temática en la estela de la mejor melancolía de Los secretos) el disco rebosa descargas y guitarreos pop premium. Un largo más que apto para el directo [doy fe las 3 veces que los he visto que sus bolos son pura entrega y pasión].

El primer triplete (como buenos capítulos literarios) nos engancha para seguir hasta el final. “Aún recuerdo esa mirada, nadie me ha mirado igual”: el primer corte homónimo, en lo alto en todo momento, de energizante optimismo instrumental desde los primeros segundos es claro y meridiano: mensaje irrebatible de carpe diem. Un ariete más que acertado. Con De cine (“ lo mejor que me ha pasado”) [videoclip brutal] el trasfondo la torna radiantemente soleada, con un estribillo y tempos pata negra y un crescendo imparable desde el intermezzo. En Tanto por hacer (“seguir y no abandonar. Lo obligatorio es que nos volvamos a ver”) los teclados entran en gracia y continúan su legado hasta la última nota en un telón de fondo que la otorga texturas delicadas.

El hermanamiento filosófico y actitudinal entre las inmensas No quiero ser como tú (“ya no me hacen falta galones”) y Carlos y Esther (al mirar hacia otro lado) (“no tendremos más salida que estallar”) se alza como la huella más decisiva y honesta del disco. Los de La Eliana se mojan y salen muy bien parados (la superioridad moral está asegurada). En el caso de la primera nos sorprende con un arranque melódico muy de los hermanos Urquijo, uno de esos temas que deja poso, aforístico, tajante, lapidario; una canción que chirriaría a cualquier paletín y por tanto de mis favoritas, en su moraleja me gana y abduce sin vuelta atrás.

De la épica pura por los 4 costados de Carlos y Esther apuntar que tal como está el orden se hace esperar pero cuando llega es invencible. Cual vetustos Cuarteles de invierno vuela con potencia y llamaradas. Digna para petarla a todo volumen, ampli y frenesí. Temazo incontestable, sin fisuras ni ningún género de dudas una de las mejores canciones del glorioso año en curso.

“Con lo que me queda haré todo lo que pueda”. La casa en silencio muestra un derroche teclil iniciático juguetón hasta las postrimerías que se engarza con mucha clase al resto de estructuras y propuestas. Otro ejemplo de todos los vigores de la banda. Lírica de nuevo dando en el clavo. Dónde no exista el miedo (“saltaremos al vacío, empezaremos de nuevo”) detona con otra crecida admirable.

“Míralas, las veo resplandecer, nos dan cada día más”. Quedas tú transmite una electricidad de sensaciones más que agradecida. “Nunca es igual y eso es lo mejor de que nos vuelva a pasar”. Las elegancias soñadoras de En busca del tiempo perdido conservan la línea para ir cerrando el completo y coloreado círculo sonoro.

“No pesan los años pesa la mediocridad” (Rubén Romero), de eso es exactamente de lo que salen victoriosos los levantinos. Están en su mejor momento patentizándolo en cada concierto y con éste LP. Esa es la actitud, que es finalmente lo que nos cala y nos define.

Acerca de pablodeserna

indiescretos.com/author/pablosernadiez Me llamo Pablo Serna Díez y soy irreversible e incurablemente melómano. De Serna es como firmo artísticoliterariamente poplacara.com/es/node/1155 Ver todas las entradas de pablodeserna

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